Cocinando en casa con Iñigo Urrechu

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A Íñigo Pérez, nuestro querido “Urrechu”, nacido en Villareal de Urrechu (Urretxu) Guipúzcoa, un 22 de agosto de 1970, le dieron por muerto cuando tenía un año, por un brutal ataque de asma, pero salió triunfante por esas ganas de vivir y disfrutar cada instante de la vida. Y precisamente por esa motivación, por sentir con pasión cada momento y especialmente en la cocina, comenzó en 1987 de la mano de Martín Berasategui, con el que aprendió el gusto por la cocina y forjó su carácter cercano, su simpatía y el amor por la gastronomía. Después de seguir formándose en Francia pasó ocho años en el restaurante El Amparo.

A partir de ahí su momento, su sueño, llega en el año 2000 cuando junto a sus dos socios, Manuel y Antonio comenzaron el proyecto del restaurante Urrechu que vio la luz el 11 de diciembre de 2002. Después de 17 años de socios son más amigos de lo que eran antes. La dureza de la crisis y las vicisitudes empresariales han conseguido fortalecer su amistad y han creado nuevos conceptos de negocio, como El cielo de Urrechu o A Kangas by Urrechu, en La Moraleja. Casi siempre que emprenden nuevos proyectos los “números” suelen ser idénticos; 7 meses de proyecto, 1 año de obras y 7 meses de retraso, que siguen vigentes con la próxima apertura de Velázquez.

Toda esta trayectoria empresarial de Urrechu no se entendería sin Elisa, su mujer, con la que forma el mejor equipo, un “equipo familiar” que lo componen ellos dos, más sus dos hijos de 17 y 11 años. Sus hijos se llevan 5 años y medio, porque según dice “me pilló la arrancada de Urrechu y no había tiempo para nada”. Ella decidió dejar su faceta profesional para darle el equilibrio familiar y permitirle crecer y desarrollar profesionalmente la persona y proyecto de Iñigo Urrechu.

Cuando llevan tiempo sin verse toda la familia, Elisa y los niños van a merendar a la cocina de Urrechu, integrando a los niños en el negocio familiar, observando como trabaja papa. “Incluso en esos momentos somos una familia, que además se adentran en mi mundo” comenta orgulloso Iñigo.

Urrechu es sinónimo de vitalidad y felicidad, que transmite en cada instante. Con 37 años y después de una adolescencia y juventud excesivamente protegido para evitar posibles problemas de salud, dejó de fumar y se propuso, aun no teniendo práctica deportiva, realizar alguna actividad deportiva, pero no sabía exactamente cual. Cuenta Iñigo que “Un día vi a unos tíos que salían del agua y se subían a una bici. Me dije yo voy a hacer eso, un Ironman” Sus amigos se reían.

Hoy corre pruebas de Ironman, maratones y ultramaratones por todo el mundo, junto a su familia. Siempre van juntos, el pone las piernas y los entrenamientos, y el resto de la familia pone el corazón y elige el destino. De esta forma comparten el tiempo en familia y deporte, incluso entrando juntos en la meta.

Urrechu es fácil de contentar, disfruta de la familia, de los amigos y del trabajo. De la ciudad más grande del mundo y del pueblo de su madre en Vitoria.

“Cuando me toque ceder el testigo, estaré donde mi mujer quiera estar, será mi momento para ella y me alimentaré de la sonrisa y felicidad  de las personas que me rodean” Que grande Iñigo Urrechu

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